Los viernes son días eternos cuando no se tiene nada que hacer, tal vez alguna de mis amigas me habría invitado a salir si supieran que ya no estoy en la fonda, pero prefiero no decirlo aún por miedo a que le vengan a mi madre con el chisme, a la única que se lo comenté fue a Sandra porque es discreta y porque necesitaba llorar en su hombro, cree que debo hablarlo con mi madre y que ella lo entenderá, lo piensa porque es muy ingenua la pobre Sandra, no quiero ni imaginar los floreros rotos sobre mí si en casa se enteran, prefiero buscar un trabajo y cuando ya lo tenga decir que cambié para mejor antes que zamparme la cantaleta sobre mi mal carácter y el cruel destino que se me espera si sigo así.
Vaya pues, decía que el viernes me la pasé en la aburrición total y cuando uno se encuentra en tal situación lo mejor que puede hacerse es leer ¿y qué sitio de lectura más cómodo que el baño? ningún otro que yo sepa, por eso estaba en el inodoro ocupada en menesteres propios del lugar y hojeando el periódico de hace como tres meses (en el país sigue todo igual así que el periódico parecía de ayer) cuando me encontré una nota muy curiosa en la sección de ciencias, de esas aclaratorias que envían los lectores para corregir las erratas de los reporteros, ésta hacía referencia a una fotografía que fue publicada con el título de araña violín pero que, según el molesto lector, era en realidad un solifugo, nunca había escuchado hablar de la araña violín y solifugo me sonaba a novio arrepentido el día de la boda, pero gracias al enfadado corrector, ahora sé que las arañas violines son insectos con un poderosisimo veneno sumamente destructivo y que es menester de todo ser humano reconocer la diferencia entre éstas y los inofensivos solifugos si queremos conservar la vida, digo inofensivos porque somos humanos y los solifugos son algo así como caníbales, si fuera una araña o un alacrán no me gustaría encontrarme con uno, pero como soy una egoísta humana los solifugos me tienen sin cuidado y si alguien ha de eliminarlos que sea la propia sociedad arácnida. Me he quedado apanicada al saber el poder destructivo de las violinistas y al leer que su lugar preferido son los rincones de nuestras casas o detrás de un cuadro empolvado, quienes más deben temerle son los carpinteros y leñadores pues las patonas prefieren la madera, gracias a Dios estoy sin trabajo pues si fuera leñadora tendría que renunciar; se les puede identificar porque tienen seis pares de ojos (antes de morir envenenada me muero de un soponcio), duran hasta 10 años, cosa fea sería descubrir que una araña ha vivido 9 años 364 días en tu casa y que justo un día antes del 365 la encuentres y te pique, sobra decir que salí del baño caminando de puntitas.
Hoy es 14 de febrero, lo más romántico que me sucedió (y sucederá) fue ver pasar a Victor desde mi ventana, obviamente él no me notó. Pensaba poner un corazón con su nombre de adorno, pero mejor les dejo retratos identificatorios, algún día pueden serles de utilidad.
SOLIFUGO

ARAÑA VIOLÍN

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